sábado, 8 de marzo de 2008

Las danaides deberían sentarse y renunciar. (¡Amooor!)

Pero la vida no es sólo un río, o una nube que pasa, como dice la Biblia. Es un objeto inaprehensible y una gran rueda con figuras grotescas que suben y bajan al ritmo de las estaciones. Es todo y nada; una rueda cuyo eje se agarrota con frecuencia, o se desliza con rapidez exagerada o se detiene y uno va a parar a ese lugar común, viejo tópico que es la muerte. Una de las marionetas que giran en la rueda fue llamada Fortuna, diosa caprichosa y cruel que pocas veces viene a sentarse en esa silla que le tenemos preparada. [...]
Desde la cima del amor se veían otros amores difusos, más deseables que aquél poseído. Y, luego, este nuevo amor es flaco como la carne misma y señala con su dedo otro nuevo amor que se extiende como una estepa soleada al otro lado. Subir para bajar luego, escalar con sudor para no encontrar más que otra nueva cumbre.



"Las corrupciones". Jesús Torbado.

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